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La artista antioqueña Camila Botero fue la ganadora de la beca ofrecida por la feria artBO en 2014, dirigida a los artistas participantes en la sección Artecámara . El premio consistió en un taller en FLORA, un espacio independiente en Bogotá dedicado a las relaciones entre arte y naturaleza.
Paradójicamente, las obras por las cuales fue seleccionada no se enfocaban en el paisaje natural, sino todo lo contrario: eran miradas al espacio urbano, especícamente el de la ciudad norteamericana de Detroit. La serie Abajo y arriba en el futuro [Detroit], 2012, fue realizada en barrios que habían sufrido profundas transformaciones debido a la pauperización generalizada de esa ciudad por el cierre de las fábricas de automóviles, con la secuela de violencia que ello conllevó. Las imágenes de Botero muestran casas aisladas en grandes terrenos vacíos, muchas de ellas convertidas en iglesias evangélicas, expendios de licor o casas de empeño. Estas construcciones, verdaderos sobrevivientes de una tragedia, son todo lo que queda de barrios enteros que fueron arrasados por la des-industrialización de una ciudad que una vez fue el símbolo de la pujanza y del sueño americano y que hoy forma parte de lo que se ha dado por llamar el “cinturón de óxido”, cara disfuncional urbana del modelo capitalista.
Durante su estadía en Bogotá, Camila Botero observó la arquitectura de los barrios de estratos económicos medios y bajos, tanto en edicios y conjuntos habitacionales como en la arquitectura anónima, realizada por autoconstrucción y sin la mediación de arquitectos. Botero se interesó en la forma más que en el contexto y en consecuencia el encuadre es cerrado, enfocado en cada edicio o casa, sin mucha atención a los predios circundantes. La relativa ausencia de contexto permite que la mirada se concentre en los valores formales de cada construcción, como el color, los materiales, las formas y zlas proporciones entre elementos arquitectónicos como ventanas, puertas, rejas y vegetación. El encuadre cerrado inuye también en la percepción de la escala, y de esta manera hay edicios que semejan casas debido al perl de sus techos, y casas que adquieren una cierta monumentalidad debido a sus rasgos limpios y a su presencia hierática y contundente.
Botero realizó diversos recorridos en Bogotá, trazando sus rutas en un mapa como una línea quebrada -que recuerda también el perl de las montañas, presencia constante en la imagen de la ciudad. Esta línea se convierte en un neón que vincula los dos espacios de esta exposición. En el segunda sala se presentan dibujos a gran escala de los perles de las casas realizados con colorante mineral aplicado directamente a la pared con la ayuda de una “cimbra”, sistema con el cual se trazan los niveles en las construcciones. También hay una caja de luz con dibujos a lápiz de estos mismos perles.
La tensión entre enfoque y desorientación está presente en toda la exposición, y se hace más evidente en el video Numerología, 2014, realizado enteramente con imágenes jas. Durante sus recorridos fotográcos Botero constató que muchos predios en Bogotá tienen más de una placa con la dirección, debido a los constantes cambios de nomenclatura como resultado de una urbanización acelerada y mal planeada. Estas placas se corrigen unas a otras pues las direcciones antiguas nunca son retiradas: la falta de coordinación del estado hace que una entidad asigne una nueva dirección mientras que las demás siguen enviando sus facturas a las anteriores, en un juego constante de desencuentros. Una casa es por denición ja, pero
las construcciones en Bogotá, como si mudaran de sitio, cambian constantemente de dirección. Las casas, en consecuencia, llevan inscrita la historia de las sucesivas capas sedimentarias de un desarrollo urbano caótico.

José Roca

*La beca, de un año de duración, fue financiada por la Cámara de Comercio de Bogotá / artBO en colaboración con Prodigy, El Tiempo y La W.

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