La promesa de la desorganización

La promesa de la desorganización

[:en]TEXTOS SALA DE EXPOSICIONES
CHAPINERO

Texto principal (entrada de la sala)

La promesa de la desorganización*

Camilo Leyva, artista
Juliana Botero, antropóloga
Cristina Lleras, curadora

La exposición es parte de un experimento que se pregunta por la relación entre los usuarios habituales del edificio de la Sede y Centro Empresarial Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá y su sala de exposiciones Artecámara. A partir de una encuesta aplicada a las personas que se están formando en los diplomados y seminarios de la CCB en temas como contaduría, liderazgo, gerencia empresarial, entre otros, se evidenció el desconocimiento de la existencia de esta sala de exposiciones. Esta no-relación se convirtió en el punto de partida para invertir la asociación del lugar común de “acercar los públicos al arte contemporáneo” y, más bien, preguntarnos qué puede hacer el arte contemporáneo entre ellos. Se trata, entonces, de pensar en conectores a partir del contexto particular que ofrece este edificio.

Viéndolo de esta manera, encontramos factores comunes entre el arte y las materias de los programas especializados: la innovación y la creatividad. A pesar de esta relación que nos parecía obvia, más de la mitad de los estudiantes encuestados no lo ven así, pues no visitan exposiciones ni museos de arte y, para un tercio de ellos, el tema no es de su interés. Una hipótesis para entender esta respuesta se ampara en la predominancia de la noción de arte como algo relacionado con el hacer, con el dominio de la técnica cercana a la tradición o a la artesanía, más que como una forma de pensamiento o conocimiento.

*“La promesa de la desorganización” es una entrada de Antonio Lafuente en el blog cuaderno común, eldiario.es

Textos independientes (A distribuirse en las 2 salas)

Innovar
Se caracteriza por ser una combinación de ideas viejas, una idea nueva, un esquema o una aproximación que reta el orden actual. Camilo Leyva trabaja a partir de las ideas y la materia prima que encuentra en el lugar, y los transforma para hacerse preguntas sobre la relación arte-organización-innovación. Más que una intervención con materiales que son precarios y desechables, lo que propone es una reconfiguración de las relaciones entre las personas que circulan por este edificio para pensar la creatividad como un acto social.

Si todavía pensamos en el arte como algo que ocurre en aislamiento y en el artista como quien vive de la inspiración, este proyecto nos llama a reconsiderar la necesidad de la interacción. Tanto en el arte como en la vida, la innovación necesita de comunicación e integración, al igual que un balance entre la formalidad y la informalidad. Si bien ella privilegia las relaciones horizontales y un liderazgo de tipo participativo, contrario a las jerarquías, en las estructuras organizativas siguen imperando los modelos fuertemente verticales y burocráticos (que, en ocasiones, son necesarios para la implementación de las ideas).

Desjerarquizar
La mesa es un objeto ordinario pero fundamental para invitar a la interacción. Una mesa redonda suscita relaciones distintas a una rectangular, al igual que una cuadrada. Esta, en particular, presenta un modelo de pensamiento a partir del cual se toman decisiones. Esta mesa, que pide ser reconfigurada y usada, ofrece un espacio para el debate, el encuentro, el diálogo y la puesta en escena de las ideas. Quizá no nos parezca gran cosa, pero de lo que adolecen los espacios para germinar pensamiento y discusiones es justamente un lugar para encontrarse y hacer posible que el flujo de ideas corra en varias direcciones.

Siéntase libre de recomponer la mesa y de utilizarla. Nos interesa saber qué suscitó el uso del espacio.

Desorganizar
En los pisos 1, 2 y 3 del edificio hay invitaciones a cambiar y alterar los comportamientos de quienes “habitan” temporalmente la Sede y Centro Empresarial de Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá para suscitar una interacción, no con la cosa, sino con el otro. El investigador y científico Jorge Wagensberg en su libro El gozo intelectual, demanda que las universidades tengan más cafeterías y menos salones, porque es allí, en el intercambio de conocimiento y en el diálogo, donde realmente se aprende.

Desburocratizar
Hoy en día la oficina tradicional nos produce desconfianza. Nos recuerda una forma de relacionarse con el otro a través del formato, del protocolo escrito y nos remite a lo que es peyorativo de la burocracia: el control y sus reglas inflexibles. Esta oficina alternativa se propone como un faro, como un llamado desde el afuera para ver el adentro.

Descentralizar
Este es el espacio para errar, para equivocarse y para consignar el rumbo de las decisiones y hacerlas válidas como parte del proceso de aprendizaje. Para llegar a una idea, muchas otras se habrán descartado y se necesita un espacio donde sea posible la especulación. Aquí el SISAK (kit para artistas que hacen obras de lugar o sitio específico) se muestra como una herramienta que permite trabajar en el lugar a partir de lo que el artista encuentra. Es una herramienta para indagar y equivocarse. El kit se utilizó para buscar las reacciones entre los usuarios del edificio y nos permitió determinar que los lugares donde la gente se congrega por fuera de los espacios de formación no propician un encuentro con el otro, ni permiten que esos intercambios se den de manera espontánea.

Fotos; Cortesía de la CCB

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La promesa de la desorganización*

Camilo Leyva, artista
Juliana Botero, antropóloga
Cristina Lleras, curadora

La exposición es parte de un experimento que se pregunta por la relación entre los usuarios habituales del edificio de la Sede y Centro Empresarial Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá y su sala de exposiciones Artecámara. A partir de una encuesta aplicada a las personas que se están formando en los diplomados y seminarios de la CCB en temas como contaduría, liderazgo, gerencia empresarial, entre otros, se evidenció el desconocimiento de la existencia de esta sala de exposiciones. Esta no-relación se convirtió en el punto de partida para invertir la asociación del lugar común de “acercar los públicos al arte contemporáneo” y, más bien, preguntarnos qué puede hacer el arte contemporáneo entre ellos. Se trata, entonces, de pensar en conectores a partir del contexto particular que ofrece este edificio.

Viéndolo de esta manera, encontramos factores comunes entre el arte y las materias de los programas especializados: la innovación y la creatividad. A pesar de esta relación que nos parecía obvia, más de la mitad de los estudiantes encuestados no lo ven así, pues no visitan exposiciones ni museos de arte y, para un tercio de ellos, el tema no es de su interés. Una hipótesis para entender esta respuesta se ampara en la predominancia de la noción de arte como algo relacionado con el hacer, con el dominio de la técnica cercana a la tradición o a la artesanía, más que como una forma de pensamiento o conocimiento.

*“La promesa de la desorganización” es una entrada de Antonio Lafuente en el blog cuaderno común, eldiario.es

Textos independientes (A distribuirse en las 2 salas)

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Se caracteriza por ser una combinación de ideas viejas, una idea nueva, un esquema o una aproximación que reta el orden actual. Camilo Leyva trabaja a partir de las ideas y la materia prima que encuentra en el lugar, y los transforma para hacerse preguntas sobre la relación arte-organización-innovación. Más que una intervención con materiales que son precarios y desechables, lo que propone es una reconfiguración de las relaciones entre las personas que circulan por este edificio para pensar la creatividad como un acto social.

Si todavía pensamos en el arte como algo que ocurre en aislamiento y en el artista como quien vive de la inspiración, este proyecto nos llama a reconsiderar la necesidad de la interacción. Tanto en el arte como en la vida, la innovación necesita de comunicación e integración, al igual que un balance entre la formalidad y la informalidad. Si bien ella privilegia las relaciones horizontales y un liderazgo de tipo participativo, contrario a las jerarquías, en las estructuras organizativas siguen imperando los modelos fuertemente verticales y burocráticos (que, en ocasiones, son necesarios para la implementación de las ideas).

Desjerarquizar
La mesa es un objeto ordinario pero fundamental para invitar a la interacción. Una mesa redonda suscita relaciones distintas a una rectangular, al igual que una cuadrada. Esta, en particular, presenta un modelo de pensamiento a partir del cual se toman decisiones. Esta mesa, que pide ser reconfigurada y usada, ofrece un espacio para el debate, el encuentro, el diálogo y la puesta en escena de las ideas. Quizá no nos parezca gran cosa, pero de lo que adolecen los espacios para germinar pensamiento y discusiones es justamente un lugar para encontrarse y hacer posible que el flujo de ideas corra en varias direcciones.

Siéntase libre de recomponer la mesa y de utilizarla. Nos interesa saber qué suscitó el uso del espacio.

Desorganizar
En los pisos 1, 2 y 3 del edificio hay invitaciones a cambiar y alterar los comportamientos de quienes “habitan” temporalmente la Sede y Centro Empresarial de Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá para suscitar una interacción, no con la cosa, sino con el otro. El investigador y científico Jorge Wagensberg en su libro El gozo intelectual, demanda que las universidades tengan más cafeterías y menos salones, porque es allí, en el intercambio de conocimiento y en el diálogo, donde realmente se aprende.

Desburocratizar
Hoy en día la oficina tradicional nos produce desconfianza. Nos recuerda una forma de relacionarse con el otro a través del formato, del protocolo escrito y nos remite a lo que es peyorativo de la burocracia: el control y sus reglas inflexibles. Esta oficina alternativa se propone como un faro, como un llamado desde el afuera para ver el adentro.

Descentralizar
Este es el espacio para errar, para equivocarse y para consignar el rumbo de las decisiones y hacerlas válidas como parte del proceso de aprendizaje. Para llegar a una idea, muchas otras se habrán descartado y se necesita un espacio donde sea posible la especulación. Aquí el SISAK (kit para artistas que hacen obras de lugar o sitio específico) se muestra como una herramienta que permite trabajar en el lugar a partir de lo que el artista encuentra. Es una herramienta para indagar y equivocarse. El kit se utilizó para buscar las reacciones entre los usuarios del edificio y nos permitió determinar que los lugares donde la gente se congrega por fuera de los espacios de formación no propician un encuentro con el otro, ni permiten que esos intercambios se den de manera espontánea.

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La promesa de la desorganización*

Camilo Leyva, artista
Juliana Botero, antropóloga
Cristina Lleras, curadora

La exposición es parte de un experimento que se pregunta por la relación entre los usuarios habituales del edificio de la Sede y Centro Empresarial Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá y su sala de exposiciones Artecámara. A partir de una encuesta aplicada a las personas que se están formando en los diplomados y seminarios de la CCB en temas como contaduría, liderazgo, gerencia empresarial, entre otros, se evidenció el desconocimiento de la existencia de esta sala de exposiciones. Esta no-relación se convirtió en el punto de partida para invertir la asociación del lugar común de “acercar los públicos al arte contemporáneo” y, más bien, preguntarnos qué puede hacer el arte contemporáneo entre ellos. Se trata, entonces, de pensar en conectores a partir del contexto particular que ofrece este edificio.

Viéndolo de esta manera, encontramos factores comunes entre el arte y las materias de los programas especializados: la innovación y la creatividad. A pesar de esta relación que nos parecía obvia, más de la mitad de los estudiantes encuestados no lo ven así, pues no visitan exposiciones ni museos de arte y, para un tercio de ellos, el tema no es de su interés. Una hipótesis para entender esta respuesta se ampara en la predominancia de la noción de arte como algo relacionado con el hacer, con el dominio de la técnica cercana a la tradición o a la artesanía, más que como una forma de pensamiento o conocimiento.

*“La promesa de la desorganización” es una entrada de Antonio Lafuente en el blog cuaderno común, eldiario.es

Textos independientes (A distribuirse en las 2 salas)

Innovar
Se caracteriza por ser una combinación de ideas viejas, una idea nueva, un esquema o una aproximación que reta el orden actual. Camilo Leyva trabaja a partir de las ideas y la materia prima que encuentra en el lugar, y los transforma para hacerse preguntas sobre la relación arte-organización-innovación. Más que una intervención con materiales que son precarios y desechables, lo que propone es una reconfiguración de las relaciones entre las personas que circulan por este edificio para pensar la creatividad como un acto social.

Si todavía pensamos en el arte como algo que ocurre en aislamiento y en el artista como quien vive de la inspiración, este proyecto nos llama a reconsiderar la necesidad de la interacción. Tanto en el arte como en la vida, la innovación necesita de comunicación e integración, al igual que un balance entre la formalidad y la informalidad. Si bien ella privilegia las relaciones horizontales y un liderazgo de tipo participativo, contrario a las jerarquías, en las estructuras organizativas siguen imperando los modelos fuertemente verticales y burocráticos (que, en ocasiones, son necesarios para la implementación de las ideas).

Desjerarquizar
La mesa es un objeto ordinario pero fundamental para invitar a la interacción. Una mesa redonda suscita relaciones distintas a una rectangular, al igual que una cuadrada. Esta, en particular, presenta un modelo de pensamiento a partir del cual se toman decisiones. Esta mesa, que pide ser reconfigurada y usada, ofrece un espacio para el debate, el encuentro, el diálogo y la puesta en escena de las ideas. Quizá no nos parezca gran cosa, pero de lo que adolecen los espacios para germinar pensamiento y discusiones es justamente un lugar para encontrarse y hacer posible que el flujo de ideas corra en varias direcciones.

Siéntase libre de recomponer la mesa y de utilizarla. Nos interesa saber qué suscitó el uso del espacio.

Desorganizar
En los pisos 1, 2 y 3 del edificio hay invitaciones a cambiar y alterar los comportamientos de quienes “habitan” temporalmente la Sede y Centro Empresarial de Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá para suscitar una interacción, no con la cosa, sino con el otro. El investigador y científico Jorge Wagensberg en su libro El gozo intelectual, demanda que las universidades tengan más cafeterías y menos salones, porque es allí, en el intercambio de conocimiento y en el diálogo, donde realmente se aprende.

Desburocratizar
Hoy en día la oficina tradicional nos produce desconfianza. Nos recuerda una forma de relacionarse con el otro a través del formato, del protocolo escrito y nos remite a lo que es peyorativo de la burocracia: el control y sus reglas inflexibles. Esta oficina alternativa se propone como un faro, como un llamado desde el afuera para ver el adentro.

Descentralizar
Este es el espacio para errar, para equivocarse y para consignar el rumbo de las decisiones y hacerlas válidas como parte del proceso de aprendizaje. Para llegar a una idea, muchas otras se habrán descartado y se necesita un espacio donde sea posible la especulación. Aquí el SISAK (kit para artistas que hacen obras de lugar o sitio específico) se muestra como una herramienta que permite trabajar en el lugar a partir de lo que el artista encuentra. Es una herramienta para indagar y equivocarse. El kit se utilizó para buscar las reacciones entre los usuarios del edificio y nos permitió determinar que los lugares donde la gente se congrega por fuera de los espacios de formación no propician un encuentro con el otro, ni permiten que esos intercambios se den de manera espontánea.

[:de]TEXTOS SALA DE EXPOSICIONES
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La promesa de la desorganización*

Camilo Leyva, artista
Juliana Botero, antropóloga
Cristina Lleras, curadora

La exposición es parte de un experimento que se pregunta por la relación entre los usuarios habituales del edificio de la Sede y Centro Empresarial Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá y su sala de exposiciones Artecámara. A partir de una encuesta aplicada a las personas que se están formando en los diplomados y seminarios de la CCB en temas como contaduría, liderazgo, gerencia empresarial, entre otros, se evidenció el desconocimiento de la existencia de esta sala de exposiciones. Esta no-relación se convirtió en el punto de partida para invertir la asociación del lugar común de “acercar los públicos al arte contemporáneo” y, más bien, preguntarnos qué puede hacer el arte contemporáneo entre ellos. Se trata, entonces, de pensar en conectores a partir del contexto particular que ofrece este edificio.

Viéndolo de esta manera, encontramos factores comunes entre el arte y las materias de los programas especializados: la innovación y la creatividad. A pesar de esta relación que nos parecía obvia, más de la mitad de los estudiantes encuestados no lo ven así, pues no visitan exposiciones ni museos de arte y, para un tercio de ellos, el tema no es de su interés. Una hipótesis para entender esta respuesta se ampara en la predominancia de la noción de arte como algo relacionado con el hacer, con el dominio de la técnica cercana a la tradición o a la artesanía, más que como una forma de pensamiento o conocimiento.

*“La promesa de la desorganización” es una entrada de Antonio Lafuente en el blog cuaderno común, eldiario.es

Textos independientes (A distribuirse en las 2 salas)

Innovar
Se caracteriza por ser una combinación de ideas viejas, una idea nueva, un esquema o una aproximación que reta el orden actual. Camilo Leyva trabaja a partir de las ideas y la materia prima que encuentra en el lugar, y los transforma para hacerse preguntas sobre la relación arte-organización-innovación. Más que una intervención con materiales que son precarios y desechables, lo que propone es una reconfiguración de las relaciones entre las personas que circulan por este edificio para pensar la creatividad como un acto social.

Si todavía pensamos en el arte como algo que ocurre en aislamiento y en el artista como quien vive de la inspiración, este proyecto nos llama a reconsiderar la necesidad de la interacción. Tanto en el arte como en la vida, la innovación necesita de comunicación e integración, al igual que un balance entre la formalidad y la informalidad. Si bien ella privilegia las relaciones horizontales y un liderazgo de tipo participativo, contrario a las jerarquías, en las estructuras organizativas siguen imperando los modelos fuertemente verticales y burocráticos (que, en ocasiones, son necesarios para la implementación de las ideas).

Desjerarquizar
La mesa es un objeto ordinario pero fundamental para invitar a la interacción. Una mesa redonda suscita relaciones distintas a una rectangular, al igual que una cuadrada. Esta, en particular, presenta un modelo de pensamiento a partir del cual se toman decisiones. Esta mesa, que pide ser reconfigurada y usada, ofrece un espacio para el debate, el encuentro, el diálogo y la puesta en escena de las ideas. Quizá no nos parezca gran cosa, pero de lo que adolecen los espacios para germinar pensamiento y discusiones es justamente un lugar para encontrarse y hacer posible que el flujo de ideas corra en varias direcciones.

Siéntase libre de recomponer la mesa y de utilizarla. Nos interesa saber qué suscitó el uso del espacio.

Desorganizar
En los pisos 1, 2 y 3 del edificio hay invitaciones a cambiar y alterar los comportamientos de quienes “habitan” temporalmente la Sede y Centro Empresarial de Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá para suscitar una interacción, no con la cosa, sino con el otro. El investigador y científico Jorge Wagensberg en su libro El gozo intelectual, demanda que las universidades tengan más cafeterías y menos salones, porque es allí, en el intercambio de conocimiento y en el diálogo, donde realmente se aprende.

Desburocratizar
Hoy en día la oficina tradicional nos produce desconfianza. Nos recuerda una forma de relacionarse con el otro a través del formato, del protocolo escrito y nos remite a lo que es peyorativo de la burocracia: el control y sus reglas inflexibles. Esta oficina alternativa se propone como un faro, como un llamado desde el afuera para ver el adentro.

Descentralizar
Este es el espacio para errar, para equivocarse y para consignar el rumbo de las decisiones y hacerlas válidas como parte del proceso de aprendizaje. Para llegar a una idea, muchas otras se habrán descartado y se necesita un espacio donde sea posible la especulación. Aquí el SISAK (kit para artistas que hacen obras de lugar o sitio específico) se muestra como una herramienta que permite trabajar en el lugar a partir de lo que el artista encuentra. Es una herramienta para indagar y equivocarse. El kit se utilizó para buscar las reacciones entre los usuarios del edificio y nos permitió determinar que los lugares donde la gente se congrega por fuera de los espacios de formación no propician un encuentro con el otro, ni permiten que esos intercambios se den de manera espontánea.

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