Sal Vigua

Sal Vigua

Sal Vigua confronta la proyección de la sabana como un cluster para el desarrollo económico del centro del país, y en ese orden de ideas, una promesa indefinida de progreso y modernidad. La exposición reúne representaciones que algunas propuestas artísticas y visuales han obrado sobre dicho territorio como proyecto económico y foco propicio para el desarrollo; propuestas creativas que confrontan o comentan problemas derivados del proceso de modernización como la explotación y liberación económica, y en ese orden de ideas, refieren a las dinámicas económicas propias de Bogotá y la sabana.

La imagen y concepto de vibración y movimiento que se despliega en Rapsodia en Bogotá de José María Arzuaga (1963), una de las primeras sinfonías de ciudad referidas a Bogotá, opera como un prólogo de un repertorio de prácticas o dinámicas económicas recurrentes en la historia y desarrollo de esta ciudad, señaladas recientemente por manifestaciones artísticas como las que integran la curaduría Sal Vigua: la explotación de la plataforma territorial para el crecimiento urbano o para la producción agrícola en la sabana, la movilidad como una condición para la circulación de capitales, el ejercicio de seducción mediado por las superficies comerciales, la perpetuación del trajín como una práctica económica, y la asimilación de la imagen de la ciudad o su representación como una construcción de valor.

En ese orden de ideas, Leo Kopp (2013) de Matilde Guerrero, da cuenta del fervor que ha cobrado en los bogotanos la escultura del extranjero fundador de la fábrica Bavaria, quien buscó en este territorio una oportunidad como la de aquellos europeos que buscaban El Dorado; su figura es un indicador de la manera como Bogotá se ha constituido históricamente en un escenario de promesa para el desarrollo y emprendimiento económico, un lugar de expectativas. Florida (2007) de Milena Barón, Exhibición ideal (2004) de Jaime Iregui y Punto de tensión (2006) de Natalia Ávila, de otro lado, refieren a algunas situaciones o actividades que se generan en superficies comerciales, tanto de espacios abiertos y públicos que tuvieron origen en la modernidad –los pasajes y los cafés- y sus manifestaciones más contemporáneas que suponen zonas de uso privado y cerrado –los centros comerciales. Autorretrato mientras el mercado se autorregula II (2015) de Ana María Villate, Páramo (Sumapaz) (2015) de Jeisson Castillo, Libro Contable (2014) de Amapola Cartonera y Papas R12 (2013) de The Trans indican las maneras en que el territorio de esta ciudad y región ha sido objeto de explotación económica, en términos de finca raíz o de recursos naturales, pero también a procesos de cultivo y agricultura, y su consecuente comercio y consumo, dinamizadores de la vida de la ciudad y sus alrededores. Serie Constelaciones (2003) de Jaime Iregui y De_ambuantes (2001-2015) de William Martínez señalan algunas prácticas de trajín, que corresponden a aquellas dinámicas que intervienen el espacio público a través de transacciones económicas rápidas y de carácter informal, con todas las codificaciones que esto supone, mientras que Somos Estrellas (Desplazamiento, Desalojo y Engaño al pueblo) (2009) de Fernando Pertuz rescata diversas expresiones populares que dan cuenta de la inconformidad política, económica o social de los ciudadanos y subraya las formas estéticas de estas expresiones culturales, en las que se arroja una gran creatividad. Bogotá es un escenario con una dinámica de movilidad de mercancías y de habitantes de carácter contundente que se hace patente en la terminal aérea en el que entran y salen no solo un gran número de pasajeros, sino también de mercancías que circulan en Eldorado, el aeropuerto de carga más grande de Sur América, y que se vislumbra como fondo en la obra Hilantes (2012) de Juliana Góngora. Estas dinámicas económicas en la ciudad y sus zonas conurbanas, constantes y cambiantes a la vez, han propiciado la creación de una imagen que participa de la cultura visual y los imaginarios propios de habitantes y extranjeros de este territorio, aspectos que son rescatados por Archivo Fotorama (2015) de Alejandro Arango y La noche fantástica (2015) de Federico Daza. Por último, Entre (2013) de Juliana Góngora, en una acción simbólica realizada en la Casa de Moneda, reivindica el valor cultural que en la época prehispánica tuvo la sal vigua, la sal mineral extraída en la sabana, como objeto de intercambio comercial.

Artistas:

José María Arzuaga
Matilde Guerrero
Milena Barón
Jaime Iregui
Ana María Villate
Natalia Ávila Leubro
Federico Daza
Jeisson Castillo
William Martínez
Amapola Cartonera
The Trans
Fernando Pertuz
Alejandro Arango
Juliana Góngora

Sal Vigua

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  1. La Productora Agencia en Artes

    Fotografía Portada Publicación:

    Alberto Gomez

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